Estas pequeñas construcciones de nuestra arquitectura tradicional destacan entre el paisaje rural de Asturias, llamando la atención de los visitantes y turistas de hoy en día, pero no pasaron desapercibidas para los viajeros de otros tiempos.

Son de arquitectura simple, pero de compleja elaboración, con resistentes maderas. Algunos se han conservado en el tiempo, y otros se han restaurado con esmerada dedicación para conservar sus estructuras y particulares decoraciones.

Ya Jovellanos, en su época, nos hablaba detalladamente sobre sus diferentes partes y sus usos. Los describía como muy resistentes al tiempo, de madera que aislaba la humedad en su interior a la vez que permitía una adecuada ventilación, impidiendo el acceso a los voraces roedores; podían ser móviles y de fácil transporte.

En el libro “Asturias vista por viajeros románticos extranjeros y otros visitantes y cronistas famosos”, del autor José Antonio Mases, encontramos algunos curiosos comentarios sobre los hórreos, las paneras y otras similares construcciones.


Samuel Edward Cook (Widdrington)
( - 1856)
“Junto a todas las casas (…) aparece una suerte de almacén de madera, perfectamente proporcionado a la construcción principal y montado sobre unas piedras piramidales en la misma posición con que en algunos lugares de Inglaterra colocan los almiares de heno para impedir que suban los gusanos. En esos hórreos guardaban sus equipos y provisiones. Observé que muchos de ellos, al pie del camino, tenían la puerta abierta, silencioso testimonio de la honestidad de estas gentes”

Julio Caro Baroja
(1915 – 1925)
“A la mayor parte de la gente le parece que el hórreo es privativo de Asturias. Conocido es el tipo de hórreo asturiano, del que ya había hablado Jovellanos y de cuyas variantes hace Frankowski un estudio detallado.
Este hórreo, en efecto, se halla en el NE de León también, en el distrito de Murias de Paredes, en el ayuntamiento de Villablino y el distrito de Riaño, así como en Puebla de Valdivia, Triollo, La Lastra y otros pueblos de Palencia lindantes con León. También lo hay en Santander, en los alrededores de la capital. Diferénciase notablemente del hórreo gallego o de los hórreos gallegos, aunque en Galicia, en la zona lindante con Asturias, se encuentre, asimismo, este tipo”.

Leopoldo Torres Balbás
(1888-1960)
“Álzase generalmente el hórreo en Asturias al lado o delante de la vivienda aldeana, en la antojana. Es una pequeña construcción de madera, de forma casi cuadrada, a cuatro aguas la techumbre descansando sobre cuatro o seis pies derechos, raramente sobre ocho, llamados pegollos. (…) Tales pilares suelen ser prismáticos, estrechándose hacia arriba. Muy a menudo, los pegollos se alzan sobre piezas cuadradas, llamados pilpayos o basas, que se usan, sobre todo cuando los pegollos son de madera, para preservar su parte inferior de la humedad (…). La cima del pegollo está cubierta con una piedra plana, que sobresale bastante por los lados; la llaman muela o pegollera, y puede ser redonda o cuadrada. Sirven de asiento a las vigas de madera y para impedir que los ratones y otros animales dañinos puedan entrar en el hórreo.(…)
El hórreo típico no tiene subdivisiones; dentro de este, amontonados sobre el suelo o guardados en cestos, se conservan los frutos de la tierra: maíz, trigo, patatas, habas, castañas, etc. A veces, en un rincón oscuro se esconde un antiguo arcón de madera desnuda, hermosamente tallado y conservado como recuerdo de familia (…).
Los hórreos tienen un aspecto muy particular en el otoño, cuando toda su superficie está cubierta de las doradas y enmarañadas trenzas de maíz, que, de este modo, se cura al sol y al aire antes de que se desgrane y se guarde dentro del recinto. Así trenzado el maíz, lo suspenden en los garfios clavados en las vigas superiores, por debajo del tejado.
Bajo el hórreo guarda el aldeano su carro arcaico y algunos aperos de labranza. A veces, la parte baja está cerrada con un muro de poca altura y, de este modo, se obtiene un nuevo departamento para el ganado y otras necesidades. A veces, las paredes entre los pegollos cierran la parte baja del hórreo, resultando así un edificio de un solo piso”.



Salvador Rueda
(1857-1933)

“Por las altas montañas de la verde Asturias
Por los desfiladeros y los barrancos
Donde fingen las rocas greñas de furias
Y grandas de gigantes los recios flancos (…).
Al dar tres de las crestas el rojo risco
Que las luces del día lleva sujetas,
Se escuchan rebotando de risco en risco
Los ecos rechinantes de las carretas (…)
Desde el fresco Borines hasta el Pajares,
De Busdongo a la orilla del mar undoso,
Que no hay lugar entre tantos bellos lugares
Que no iguale a Suiza por lo precioso (…)
Las viviendas que envuelve fresco ramaje
Parecen nidos puestos en las laderas,
Y las faldas del monte les dan paisaje
Y le ciñen los hórreos y las paneras.”