Los celtas tenían una concepción del universo relacionada con tres mundos.

 

 

El Círculo de Keugant, mundo de los arquetipos, simbolizado por un círculo vacío y representado en las leyendas artúricas por el hueco de la Tabla Redonda.

 

El Círculo de Abred, mundo sujeto a la ley de causa y efecto, al destino que se proyecta como necesidad de evolución; vida y muerte se alternan en él para producir la vida manifestada. Este mundo está relacionado con Dadga y su hacha, que mata por un lado y resucita por el otro. La justicia se manifiesta como la propia realización del destino. Este círculo es el mundo manifestado, donde la realidad espacio-tiempo está representada por la cruz.

 

El Círculo de Gwenved, o círculo de la beatitud, círculo de la luz blanca. Está aureolado de hojas de roble como símbolo de la victoria final y la reunificación. Este círculo es el eterno retorno a la vida–una.

 

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